MARIA ARROUPE

MARIA ARROUPE

MARIA ARROUPE

HEARTFULNESS: LA FELICIDAD ES UNA HABILIDAD |

HEARTFULNESS: LA FELICIDAD ES UNA HABILIDAD

La perspectiva del bienestar como habilidad nos plantea una pregunta. Si efectivamente las habilidades socio-emocionales o  pro-sociales -como la empatía, la compasión, el altruismo, la generosidad, la bondad, la gratitud- pueden ser cultivadas a través de prácticas específicas,  y su adquisición es más efectiva en períodos de mayor plasticidad cerebral (infancia y adolescencia),  desde el punto de vista educativo: ¿sería una decisión inteligente dejar este potencial librado al azar? Sólidas investigaciones en neurociencias  señalan  que no.

Un ejemplo: cuando el entorno humano del niño estimula progresivamente funciones de autorregulación -de impulsos intensos,  emociones difíciles, conductas agresivas, etc-  ese niño estará incorporando de una manera orgánica, cotidiana y con impacto en el largo plazo, la experiencia de transformar su miedo en confianza,   su ira explosiva en palabras,  su  distracción en atención,  su hipe-ractividad en calma,  su rigidez en flexibilidad, su impaciencia, ansiedad, caos emocional,   en estados más reflexivos  y creativos.

Las investigaciones en neurociencia social esclarecen un tema importante que desde mi punto de vista debemos esforzarnos en comprender  y traducir en  prácticas cotidianas:  todo niño requiere que los adultos previamente co-regulen sus estados emocionales, para posteriormente poder auto-regularse. Del mismo modo en que necesitan ayuda para leer y escribir y se la ofrecemos,  pues bien,  además necesitan muchísimo apoyo para percibir lo que sienten,   nombrar, comprender  y dar sentido a sus emociones,  expresarlas  y compartirlas con los demás en formas que no dañen las relaciones. Por eso estas metodologías proponen que los maestros de primaria y  profesores de secundaria conozcan su participación en los procesos neuromadurativos de los niños y adolescentes que están creciendo bajo su ala,  ¡nada más y nada menos! Que logren diferenciar en qué dirección se van configurando las funciones cerebrales en desarrollo, para que finalmente, con la práctica,   puedan  elegir como incidir  -pues incidencia tenemos siempre, no es una cuestión voluntaria. E incidir para bien, en términos del sistema nervioso y  del ser total del niño, además de conciencia requiere método. La apuesta es que el maestro incorpore un modo de vincularse con sus alumnos que optimice las  trayectorias del neurodesarrollo,  y para eso hay que conocerlas, saber favorecerlas y aprender a  no entorpecerlas.

CV María Arroupe